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El taller de pintura  es una réplica del taller que Arno Stern funda en París en 1949 y que sigue funcionando en la actualidad.

En esencia, el trabajo de Arno Stern plantea una perspectiva nueva respecto al dibujo, en la que éste deja de ser un producto artístico para convertirse en juego, entendiendo juego como actividad inherente al desarrollo del ser humano, como manifestación de nuestra propia capacidad creadora. Supone una mirada atenta hacia el dibujo como expresión de una necesidad.

Arno Stern nace en 1924 en Kassel, Alemania. De origen judío, él y su familia se ven obligados a huir del país cuando en 1933 Hitler toma el poder. Finalizada la Segunda Guerra Mundial, Arno se encuentra en Francia y allí se hace cargo de un grupo de huérfanos de guerra en un campo de refugiados, niños no escolarizados. Por azar, Arno les ofrece pintar. Con apenas un par de juegos de pinturas, una pequeña habitación, y una mirada muy atenta pero sin ninguna intención más que la de dar respuesta a las necesidades de esos niños, acabará forjando las condiciones de lo que años más tarde Arno denominó Educación Creadora. Será esta experiencia la que origine la estructura que permite el funcionamiento del taller de pintura.

Su investigación en el dibujo infantil no había hecho más que empezar. Tres años más tarde abre en París su taller de pintura llamado Closlieu (lugar protegido), consolidando un espacio que respondía a las necesidades del juego de pintar, y preguntándose si esas necesidades serían iguales para todas las personas independientemente de su forma de vida. Por ello, y durante 12 años, viaja a poblaciones indígenas primitivas, incluso a poblaciones nómadas, al margen de cualquier estructura escolar, donde nunca se había visto un pincel, y sin riesgo de que sobre sus dibujos pudiera haberse ejercido ningún tipo de influencia. Realizó ocho expediciones visitando poblaciones aisladas en países como Mauritania, Perú, México, Guatemala, Afganistán, Etiopía, Níger, Nueva Guinea o Canadá.

Como resultado de esta investigación Arno Stern fue testigo de la existencia de un Código Universal que se manifiesta con el trazo y que se repite en todas las poblaciones. Sólo aparece cuando las personas pintan en unas condiciones muy concretas, al margen de modelos, de la comunicación y el juicio. Las personas no pintan lo que ven sino que las formas brotan de nuestro interior, de nuestra propia "memoria orgánica", de nuestro código genético.

En estos momentos Arno Stern continúa trabajando e investigando en su taller de París, imparte cursos y conferencias por toda Europa y ha creado el Institut de Recherche en Sémiologie de l`Expression

Su intención es formar a las personas interesadas y que los talleres se multipliquen por el mundo, dando la oportunidad de experimentar la respuesta a una necesidad que todos tenemos pero de la que nos hemos olvidado.

La vida de Arno ha estado entregada a esta investigación, y el resultado de su trabajo lo ha dejado a disposición de todos nosotros sin esperar nada a cambio.

 es el primer taller de pintura en Galicia que responde a esta intención.